Qué hay que salir a cobrar, qué se cargó en caja y qué quedó pendiente de resolver. Las obras salen del Kanban de Trello; el monto de cada una sale de cruzarlas con las facturas emitidas, que es la pieza que todavía falta.
Sale del export de ARCA «Mis Comprobantes Emitidos», que es el registro fiscal. Es la mitad del negocio que hasta hace poco no estaba en ningún análisis.
Del export de ARCA «Mis Comprobantes Recibidos». Trae el CUIT del emisor, el tipo de comprobante y el IVA discriminado por alícuota, así que evita pasar miles de PDF por OCR.
Nueve bancos y trece cuentas, leídas de los extractos. El criterio de admisión es aritmético: saldo inicial + movimientos = saldo final, al centavo. Un extracto que no cierra no entra.
Los movimientos en efectivo no están en el Drive documental: viven en dos solapas del Google Sheet de la empresa. La planilla los lleva en dos bloques paralelos —una caja operativa y una interfaz con los bancos— cuyos saldos de arranque son casi opuestos, así que el efectivo real es la suma de los dos. Leer uno solo da un número sin sentido.
El estado de cada préstamo sale de los comprobantes del banco —constancias de libre deuda y comprobantes de pago total—, no de una planilla. El cronograma futuro sí viene de la hoja CREDITOS, pero filtrado a los créditos que los documentos declaran vivos.
Diez planes vigentes. Cada uno tiene doble vencimiento: el día 16 sin interés resarcitorio y el 26 con él. El tablero toma el primero, que es lo que corresponde pagar si no se atrasa.
Lo que cuesta financiarse, sumado en un solo número. Hoy está repartido en tres lugares distintos —los intereses de los créditos, el interés de los planes de ARCA y lo que cobran los bancos por descubierto y comisiones— y nadie lo ve junto.
Cada número del tablero tiene un control detrás. Acá están todos, los que pasan y los que no. Un control que no pasa casi nunca es un error del tablero: es un dato que falta o un documento que hay que pedir. Esta lista es el pedido concreto a la empresa.